Contenido


1.           ¿Qué le pasa al amor después de la boda?     
2.           Mantenga lleno el tanque del amor
3.           EI enamoramiento              
4.           Lenguaje de amor #1: Palabras de afirmación
5.           Lenguaje de amor # 2: Tiempo de calidad     
6.           Lenguaje de amor # 3: Recibir regalos         
7.           Lenguaje de amor # 4: Actos de servicio
8.           Lenguaje de amor #5: Toque físico       
9.           El descubrimiento de su 
              lenguaje principal de amor
10.        El amor es una decisión       
11.        El amores lo que importa     
12.        Amar lo que no es digno de amor 
13.        Los niños y los lenguajes de amor
14.        Una palabra personal

CAPÍTULO 1

¿Qué le pasa al amor después de la boda?

 
A treinta mil pies de altura, en algún lugar entre Buffalo y Dallas, puso su revista en el bolsillo de su asiento, se volvió hacia mí y me preguntó:
En que trabaja usted?
Hago consejería matrimonial y dirijo seminarios para el enriquecimiento del matrimonio - dije prosaicamente.
 Siempre he querido preguntar esto a alguien -dijo-
¿Qué pasa después que uno se casa?
  Renunciando a mis esperanzas de echar una siesta, le dije:
-¿Que quiere decir?
-Bueno- dijo -. He estado casado tres veces, y cada vez era maravilloso antes de que nos casáramos, pero de alguna manera después de la boda todo se derrumbaba. Todo el amor que pensaba que tenía hacia ella y el amor que ella parecía tenerme se esfumaba. Soy una persona medianamente inteligente, dirijo un buen negocio, pero no lo entiendo.
-¿Por cuánto tiempo ha estado casado?- le pregunté.
-La primera vez más o menos diez años. La segunda estuvimos casados tres años, y la ultima casi seis.
-¿Su amor se esfumaba inmediatamente después de la boda, o era una pérdida gradual?- inquirí.
-Bueno, la segunda vez todo fue mal desde el principio. No sé lo que le pasó. En realidad pensaba que nos amábamos, pero la luna de miel fue un desastre y nunca nos recuperamos. Nos conocimos solamente seis meses. Fue un romance rápido. ¡Fue verdaderamente emocionante! Pero después del matrimonio fue una batalla desde el principio. 
-En mi primer matrimonio tuvimos tres o cuatro años antes de que naciera el niño. Después que el niño nació, ella le dio toda su atención, y yo ya no le importaba. Era como si su  única meta en la vida hubiera sido tener un niño; después de eso ya no me necesitaba más.
-¿Le dijo eso a ella?- pregunté.
-Oh, sí. Me dijo que estaba loco. Me dijo que no entendía lo que significaba ser una enfermera veinte y cuatro horas diarias. Me dijo que debería ser más comprensivo y ayudarla más. Procuré hacerlo, pero parece que no causó ninguna diferencia en nuestra relación. Después de eso nos fuimos apartando cada vez más. Luego de un tiempo ya no había nada de amor, solamente muerte. Los dos convinimos en que el matrimonio se había terminado....
¿Mi último matrimonio? En realidad pensé que ese hubiera sido diferente. Había estado divorciado por tres años. Tuvimos un noviazgo de dos años. Realmente creí que sabíamos lo que estábamos haciendo y pensé que tal vez, por primera vez, conocía lo que significaba amar a alguien.  Creí sinceramente que ella me amaba. Después de la boda, no creo que cambié. Continúe demostrándole mi amor como antes del matrimonio. Le decía cuan hermosa era, cuanto la amaba, que estaba orgulloso de ser su esposo, etcétera. Pero pocos meses después del matrimonio comenzó  a quejarse. Al comienzo por pequeñas cosas, como el no sacar la basura o no colgar mi ropa. Luego atacando mi carácter y diciéndome que no podía confiar en mí, acusándome de no serle fiel. Se volvió una persona totalmente negativa. Antes del matrimonio no era así. Era una de las personas más positivas que había conocido jamás. Eso era lo que más me atraía de ella. Nunca se quejaba de nada; todo lo que yo hacía era maravilloso, pero una vez que nos casamos nada me salía bien. Honestamente no se qué pasó. Con el tiempo, perdí mi amor por ella y comencé a sentirme ofendido. Obviamente ella no me amaba. Reconocimos que no sacábamos nada viviendo juntos, así que nos separamos… Eso fue hace un año. Mi pregunta es: ¿Qué pasa con el amor después de casarse? ¿Es mi experiencia normal? ¿Es por eso que tenemos tantos divorcios en nuestro país? No puedo creer que me haya sucedido tres veces.  Y los que no se divorcian, ¿aprenden a vivir sin amor, o es que el amor en verdad permanece vivo en algunos matrimonios? Y si es así, ¿Cómo hacen?

Las preguntas que me hacía mi compañero de viaje, sentado en el asiento 5A, son las preguntas que miles de personas casadas y divorciadas se hacen hoy en día. Algunos preguntan a los amigos, otros a los consejeros y a los clérigos, y otros preguntan a sí mismos. A veces las respuestas son dadas en la jerga de la investigación sicológica, lo cual es casi incomprensible. Otras veces se expresan de manera humorística y folclórica. La mayoría de las bromas y de las frases de condolencia tienen algo de verdad, pero son como darle una aspirina a una persona que tiene cáncer. 

 El deseo de amor romántico en el matrimonio está profundamente enraizado en nuestra estructura sicológica. Casi todas las revistas populares tienen por lo menos un artículo en cada número sobre cómo mantener vivo el amor en el matrimonio. Abundan los libros sobre el tema. Las charlas de radio y televisión tratan de eso. Mantener vivo el amor en nuestro matrimonio es un asunto muy serio.

Con todos los libros, revistas, y toda la ayuda disponible, ¿por qué es que tan pocas parejas parecen haber encontrado el secreto para mantener vivo el amor después de las boda? ¿Por qué es que una pareja puede asistir a un taller de comunicaciones, oír ideas maravillosas sobre cómo mejorar la comunicación, regresar a casa y encontrarse totalmente discapacitados para poner en práctica los patrones de de comunicación demostrados? ¿Cómo es que leemos el articulo de una revista sobre "Las 101 formas de expresar amor a su cónyuge", seleccionamos dos o tres de ellas que nos parecen especialmente buenas para nosotros, las probamos, y nuestro cónyuge ni siquiera reconoce nuestro esfuerzo? Renunciamos a las otras 98 formas y regresamos a la vida de costumbre.
 
La respuesta a estas preguntas es el propósito de este libro. Esto no significa que los libros y artículos ya publicados no sean de valor. El problema es que hemos pasado por alto una verdad fundamental: las personas hablan diferentes lenguajes de amor.
En el área de la lingüística hay idiomas principales, tales como el japonés, chino, español, inglés, portugués, griego, alemán, francés, etcétera. La mayoría de nosotros crecimos aprendiendo el idioma de nuestros padres y parientes, el cual viene a ser nuestra primera y principal lengua, la nativa. Más tarde podemos aprender otros idiomas, pero por lo general con mucho esfuerzo. Estos vienen a ser nuestros idiomas secundarios. Hablamos y entendemos mejor nuestro idioma nativo; nos sentimos más cómo-dos hablando ese idioma. Mientras más usamos un idioma secundario, mejor nos sentiremos conversando en él. Si hablamos solamente nuestro idioma principal y nos encontramos con alguien que habla solamente su idioma principal, que es diferente del nuestro, nuestra comunicación será limitada. Debemos ayudarnos con señales, gruñidos, dibujos o representaciones de nuestras ideas. Podemos comunicarnos, pero es difícil. Las diferencias de idioma han separado y dividido a la cultura humana. Si queremos comunicarnos en forma efectiva entre las diferentes culturas, debemos aprender el idioma de aquellos con quienes deseamos comunicarnos.
 
En el área del amor es igual. Su lenguaje emocional amoroso y el lenguaje de su cónyuge pueden ser tan diferente como el chino del español. No importa cuánto se empeñe en expresar el amor en español, si su cónyuge entiende solamente chino nunca entenderán cómo amarse el uno al otro. Mi amigo en el avión hablaba el lenguaje de «Palabras de confirmación» a su tercera esposa, al decirle: «Le dije cuán hermosa era. Le dije que la amaba. Le dije cuán orgulloso estaba de ser su esposo.» El estaba hablando amor y era sincero, pero ella no entendía su lenguaje. Tal vez buscaba amor en su conducta y no lo encontraba. Ser sincero no es suficiente. Debemos aprender el lenguaje amoroso principal de nuestro cónyuge si queremos ser efectivos comunicadores de amor.
 
Mi conclusión, luego de veinte años de consejería matrimonial, es que hay básicamente cinco lenguajes amorosos: cinco maneras en que las personas hablan y entienden el amor. En el campo de la lingüística, un idioma puede tener diferentes dialectos o variaciones. Igualmente ocurre con los cinco lenguajes amorosos: hay muchos «dialectos». A eso se refieren los artículos de las revistas titulados: «10 maneras de que su esposa sepa que usted la ama», o «20 maneras de mantener a su hombre en el hogar», o «365 expresiones de amor marital». No hay 10, 20, ó 365 lenguajes amorosos básicos. En mi opinión hay solamente cinco. Sin embargo, como decíamos antes, puede haber numerosos dialectos. El número de formas para expresar el amor dentro de un lenguaje de amor, está limitado solamente por su imaginación. Lo que importa es hablar el lenguaje amoroso de su cónyuge.
Siempre hemos sabido que durante la infancia cada niño desarrolla patrones emocionales únicos. Algunos niños, por ejemplo, desarrollan un patrón de baja autoestima, mientras que otros crecen sintiéndose seguros. Algunos niños crecen sintiéndose amados, queridos y apreciados, sin embargo otros lo hacen sintiéndose no amados, no queridos, no apreciados.
Los niños que se sienten amados por sus padres y sus compañeros desarrollarán un lenguaje amoroso principal basado en su estructura emocional única y en la manera en que les expresaron amor sus padres y aquellas otras personas que eran importantes para ellos. Ellos hablarán y entenderán un lenguaje amoroso principal. Más tarde pueden aprender un segundo lenguaje amoroso, pero siempre se sentirán más cómodos con su lenguaje principal original. Los muchachos que no se sienten amados por sus padres y compañeros, también desarrollarán un lenguaje amoroso principal. Sin embargo será un tanto distorsionado, de la misma manera en que algunos niños pueden aprender muy poca gramática y no tener un vocabulario desarrollado. Esos escasos conocimientos no significan que no puedan ser buenos comunicadores, pero significa que tendrán que trabajar más diligentemente que aquellos que tuvieron un modelo más positivo. Igualmente, los niños que crecieron con un sentido poco desarrollado del amor también pueden sentirse amados y comunicar amor, pero tendrán que trabajar en ello más diligentemente que los que crecieron en una atmósfera de amor saludable.
Rara vez un esposo y una esposa tienen el mismo lenguaje amoroso principal. Tenemos la tendencia a hablar nuestro lenguaje amoroso principal, y nos confundimos cuando nuestro cónyuge no entiende lo que estamos comunicando. Queremos expresar nuestro amor pero el mensaje no llega, sencillamente porque hablamos lo que para ellos es un lenguaje «extranjero». Allí radica el problema fundamental, y el propósito de este libro es ofrecer una solución. Esa es la razón por la que me atrevo a escribir otro libro sobre el amor.
Una vez que descubramos los cinco lenguajes básicos del amor, y entendamos cuál es nuestro lenguaje amoroso principal —así como también el lenguaje amoroso principal de nuestro cónyuge— tendremos la información que necesitábamos para aplicar las ideas que encontramos en los libros y en los artículos.
Una vez que usted identifique y aprenda a hablar el lenguaje amoroso principal de su cónyuge, creo que habrá descubierto la clave para un matrimonio duradero y lleno de amor. El amor no necesita esfumarse después de la boda, pero para mantenerlo vivo, la mayoría de nosotros tendremos que esforzarnos para aprender un segundo lenguaje amoroso. No podemos contar solamente con nuestra lengua nativa si nuestro cónyuge no la entiende. Si queremos que él o ella sientan el amor que tratamos de comunicar, debemos expresarlo en su lenguaje amoroso principal.



CAPÍTULO 2

Mantenga lleno el tanque del amor


Amor es la palabra más importante en el idioma español —y la menos entendida—. Muchos pensadores, tanto seculares como religiosos, están de acuerdo en que el amor juega un papel central en la vida. Se dice que «el amor es una cosa esplendorosa», y que «el amor hace girar al mundo». Miles de libros, canciones y películas están sazonadas de esta palabra. Numerosos sistemas filosóficos y teológicos dan un lugar prominente al amor. Y el fundador de la fe cristiana quiso que el amor sea una de las características distintivas de sus seguidores.
Los sicólogos han llegado a la conclusión de que la necesidad de sentirse amado es una de las necesidades primarias del ser humano. Por amor podemos trepar las montañas, cruzar los mares, viajar por los desiertos llenos de arena y soportar dificultades inenarrables.
Sin amor, las montañas son inaccesibles, los mares son imposibles de cruzar, los desiertos son insoportables y las dificultades son lo más grave en nuestra vida. El apóstol cristiano a los gentiles, Pablo, exaltó el amor cuando enseñó que todas las realizaciones humanas que no están motivadas por el amor son, en definitiva, vacías. El llegó a la conclusión de que en la última escena del drama humano, solamente tres características permanecerán: «la fe, la esperanza y el amor. Pero el más grande todos es el amor.» (1 Corintios 13:13)

Si estamos de acuerdo en que la palabra amor satura la sociedad humana, tanto históricamente como en el presente, también debemos estar de acuerdo en que no es una palabra bien entendida. La usamos en miles de formas. Decimos: «AMO a los pájaros», y de inmediato: «Amo a mi madre». Amamos a los objetos, amamos a los animales, a la naturaleza, amamos a las personas, y aun amamos al amor mismo!
Si no basta esa confusión, también usamos la palabra amor para explicar la conducta. «Hice eso porque la amaba». Esa explicación se da para toda clase de acciones. Un hombre está enredado en una relación adúltera y la llama «amor». El predicador, por otro lado, lo llama pecado. La esposa de un alcohólico soporta todas las consecuencias del último escándalo de su marido; ella lo llama «amor», pero el sicólogo lo llama co-dependencia. Los padres conceden todos los deseos del niño, llamándolo «amor». Pero el terapeuta familiar lo llama irresponsabilidad paternal. ¿Cómo se comporta el amor?
El propósito de este libro no es eliminar todas las confusiones alrededor de la palabra amor, sino más bien enseñar la clase de amor que es esencial para nuestra salud emocional. Los sicólogos infantiles dicen que cada niño tiene ciertas necesidades emocionales básicas que debemos llenar, si queremos que ese niño sea emocionalmente estable. Entre esas necesidades emocionales, ninguna es más básica que la de amor y afecto, y la necesidad de sentir que pertenece a alguien y es querido. Si tiene suficiente afecto, el niño llegará a ser un adulto responsable. Sin ese amor, él o ella serán emocional y socialmente retardados.
Me gustó la metáfora la primera vez que la oí: «Dentro de cada niño hay un "tanque emocional", el cual debe ser llenado de amor. Cuando un niño se siente verdaderamente amado crecerá normalmente, pero cuando el tanque de amor está vacío, el niño se comportará mal. Gran parte del mal comportamiento de los niños se debe a los anhelos de un "tanque de amor vacío"». Según lo dijera el doctor Ross Campbell, un siquiatra especializado en el tratamiento de niños y adolescentes.
Mientras escuchaba eso pensé en los cientos de padres que habían desfilado por mi oficina contándome las fechorías de sus hijos.
Nunca había visto un tanque de amor vacío dentro de esos niños, pero sí había visto las consecuencias que eso había producido. Su mal comportamiento era una búsqueda equivocada del amor que no sintieron. Estaban buscando amor en lugares equivocados y por caminos equivocados. En el corazón de la existencia humana se encuentra el deseo de tener intimidad y de ser amado por otro. El matrimonio está diseñado para llenar esa necesidad de intimidad y amor.
Recuerdo a Ashley, quien a los trece años de edad estaba siendo tratada de una enfermedad transmitida sexual-mente. Sus padres estaban destrozados. Estaban enojado con Ashley, y se sentían mal con la escuela, a la que culpaban por enseñarle sobre el sexo. «¿Por qué hizo eso?», se preguntaban. Cuando conversé con Ashley, ella me contó del divorcio de sus padres cuando tenía seis años.
Pensé que mi padre se había ido porque no me amaba —dijo—. Cuando mi madre se volvió a casar yo tenía diez años y sentí que ella ya tenía alguien quien la amara, pero por mi parte todavía no tenía a nadie quien me amara a mí. Tenía mucha necesidad de que me amaran. Entonces conocí a este muchacho en la escuela. Era mayor que yo pero me gustaba. No lo podía creer. Era amable conmigo y en un momento realmente sentí que me amaba. No quería tener relaciones sexuales, pero quería sentirme amada.
El «tanque de amor» de Ashley había estado vacío por muchos años. Su madre y su padrastro habían provisto algunas de sus necesidades físicas, pero no se habían dado cuenta de la profunda lucha emocional que se libraba dentro de ella. Ciertamente amaban a Ashley y pensaban que ella sentía su amor. No fue sino hasta cuando ya era casi demasiado tarde, que descubrieron que no habían estado hablando el lenguaje de amor primario de Ashley.
La necesidad de amor, sin embargo, no es simplemente un fenómeno de la infancia. Esa necesidad continúa en la edad adulta y en el matrimonio. La experiencia de enamorarse llena temporalmente esa necesidad, pero es, inevitablemente, una «solución momentánea», y tal como aprenderemos más adelante tiene un lapso limitado y predecible en la vida. Cuando descendemos de la cima de la obsesión del enamoramiento, la necesidad de amor resurge porque es parte de nuestra naturaleza; está en el centro de nuestros deseos emocionales. Necesitamos amor antes de enamorar-nos y lo necesitaremos mientras vivamos. La necesidad de sentirse amado por el cónyuge está en el centro de los deseos maritales. Un hombre me dijo recientemente: «¿De qué sirven la casa, los automóviles, la playa y todo lo demás si tu esposa no te ama?» ¿Entiende lo que decía, realmente?:
«Más que cualquier cosa, quiero que mi esposa me ame». Las cosas materiales no reemplazan al amor humano. Una esposa me decía: «Me ignora todo el día y luego quiere meterse en la cama conmigo. Detesto eso.» Ella no es una esposa que odia el sexo; es una esposa que ansía desesperadamente amor.
Algo en nuestra naturaleza clama por el amor de otro. La soledad es devastadora para la psiquis humana. Es por eso que el confinamiento solitario se considera como uno de los castigos más crueles. En el corazón de la existencia humana se encuentra el deseo de tener intimidad y de ser amado por otro. El matrimonio está diseñado para llenar esa necesidad de intimidad y amor. Por eso las antiguas Escrituras bíblicas se referían al esposo y a la esposa como «una sola carne». Eso no significaba que los individuos perderían su identidad; significaba que entrarían en la vida del otro, por lo que exhortaban tanto al esposo como a la esposa para que se amaran el uno al otro. Desde Platón hasta Peck, los escritores han hecho énfasis en la importancia del amor en el matrimonio.
Pero si el amor es importante, también es esquivo. He escuchado a muchas parejas contar su secreto dolor. Algunas vinieron a verme porque su dolor interior se había vuelto insoportable. Otras vinieron porque habían comprendido que sus patrones de conducta o el mal comporta-miento de su cónyuge estaban destruyendo el matrimonio. Algunas vinieron simplemente para decirme que ya no querían continuar casados. Sus sueños de «vivir felices para siempre» se habían estrellado contra las duras paredes de la realidad. Una y otra vez he oído las palabras: «Nuestro amor se ha terminado, nuestra relación ha muerto. Nos sentíamos cerca pero ahora no. Ya no disfrutamos de estar el uno con el otro. No llenamos las necesidades del uno y del otro.» Sus historias dan testimonio de que los adultos, al igual que los niños, tienen también sus «tanques de amor».
¿Podría ser que en lo más profundo de estas parejas heridas exista un invisible «tanque de amor» con su medidor señalando que está vacío? ¿Podría ser que el mal comportamiento, el alejamiento, las palabras groseras y la crítica fueran el resultado de un tanque vacío? Si pudiéramos encontrar una manera de llenarlo, ¿podría renacer el matrimonio? Con un tanque lleno, ¿podrían las parejas crear un clima emocional en el que fuera posible tratar las diferencias y resolver los conflictos? ¿Podría el tanque ser la clave que hiciera funcionar el matrimonio?
Esas preguntas me llevaron a hacer un largo viaje. En el camino descubrí los simples —pero poderosos— principios contenidos en este libro. El viaje me ha llevado no solamente a través de veinte años de consejería matrimonial, sino a los corazones y a las mentes de cientos de parejas a través de todos los Estados Unidos. Desde Seattle hasta Miami, las parejas me han invitado a las recámaras de sus matrimonios y hemos conversado con toda franqueza. Los ejemplos que hay en este libro están sacados de la vida real. Solamente los nombres y los lugares han sido cambiados para proteger la privacidad de aquellos individuos que han hablado con tanta libertad.
Estoy convencido de que mantener lleno el tanque del amor es tan importante para el matrimonio, como es mantener el nivel correcto del aceite para el automóvil. Manejar su matrimonio con un «tanque de amor» vacío puede ser mucho más grave que tratar de manejar su carro sin aceite. Lo que usted está leyendo tiene el potencial para salvar a miles de matrimonios y puede aun mejorar el clima emocional de un buen matrimonio. Cualquiera que sea la calidad de su matrimonio ahora, siempre puede ser mejor.

 ADVERTENCIA: Entender los cinco lenguajes del amor y aprender a hacer el lenguaje principal de amor de su cónyuge, puede afectar radicalmente la conducta de él o ella. Las personas se comportan en forma diferente cuando sus tanques del amor están llenos. Antes que examinemos los cinco lenguajes del amor, sin embargo, debemos dirigirnos a un importante pero confuso fenómeno: la eufórica experiencia de «enamorarse».

CAPÍTULO 3


  El enamoramiento 


Ella se presentó en mi oficina sin ninguna cita previa y preguntó a mi secretaria si podía verme por cinco minutos. Había conocido a Janice durante dieciocho años. Tenía treinta y seis, y nunca se había casado. Había estado con varios hombres, con uno por seis años, con otro por tres y con varios más por períodos cortos. De tiempo en tiempo me había pedido citas para tratar de alguna dificultad en particular con alguna de sus relaciones. Era por naturaleza una persona disciplinada, consciente, organizada, cuidadosa y afectuosa. Presentarse en mi oficina sin ser anunciada era algo que no estaba de acuerdo con su manera de ser. Pensé: Debe estar en alguna crisis terrible para venir sin haber hecho una cita previamente. Le dije a mi secretaria que la dejara pasar. Cuando entró esperé verla romper en llanto y contarme una trágica historia tan pronto se cerrara la puerta. En vez de eso, virtualmente se deslizó en mi oficina radíante de emoción.
¿Cómo estás ahora Janice? —le pregunté. iMaravillosamente bien! —me contestó—. ¡Nunca he estado mejor en mi vida. Me voy a casar!
___ ¿Verdad? —dije, revelando mi sorpresa— ¿Con quién y cuándo?
Con David Gallespie —exclamó—. En septiembre.
Es emocionante. ¿Qué tiempo hace que lo conoces?
Tres semanas. Sé que es una locura, doctor Chapman, después de todas las personas que he conocido y de todas las veces que he estado cerca de casarme. Yo misma no puedo creerlo, pero sé que David es el hombre para mí. Desde la primera cita lo supimos los dos. Por supuesto, no hablamos de esto la primera noche, pero una semana después él me propuso matrimonio. Sabía que me lo iba a proponer y sabía que le iba a decir que sí. Nunca me he sentido así antes, doctor Chapman. Usted conoce las relaciones que he tenido durante estos años y los conflictos que he sufrido. En cada relación fallaba algo. Nunca me sentí en paz pensando en casarme con alguno de ellos, pero sé que David es el hombre.
 Janice se mecía en su silla riéndose entrecortadamente, mientras agregaba: —Sé que es una locura, pero estoy tan feliz... Nunca he sentido esta felicidad en mi vida.
¿Qué es lo que le había pasado a Janice? Se había enamorado. En su mente, David es el hombre más maravilloso que ella ha conocido jamás. Es perfecto en todo. Será el marido ideal. Ella piensa en él de día y de noche. El hecho de que David haya sido casado dos veces antes, que tenga tres hijos y que haya tenido tres empleos el año pasado, es algo trivial para Janice. Ella es feliz y está convencida de que va a ser feliz para siempre con David. Ella está enamorada.
 La mayoría de nosotros entramos al matrimonio por el camino de eso experiencia de enamoramiento. Conocemos a alguien cuyas características físicas y rasgos de la
personalidad producen suficiente choque eléctrico para activar nuestro «sistema amoroso de alarma». Suena la alarma y ponemos en acción el proceso de llegar a conocer a la persona. El primer paso puede ser compartir una hamburguesa o un bistec, dependiendo de nuestro presupuesto, pero nuestro verdadero interés no está en la comida. Estamos en una búsqueda para descubrir el amor. ¿Podría este sentimiento cálido y estremecedor que hay en mi interior, ser lo que busco?
 A veces perdemos ese estremecimiento en la primera cita. Descubrimos que ella tiene costumbres que no te agradan, y el estremecimiento cambia en estupor; no que-remos más hamburguesas con ella. Otras veces, sin embargo, los estremecimientos son más fuertes después de la hamburguesa que antes. Hacemos arreglos para unos cuan-tos momentos más «juntos», y pronto el nivel de intensidad ha aumentado hasta el punto en que nos encontramos diciendo: «Creo que me estoy enamorando». Con el tiempo estamos convencidos de que eso es «lo verdadero», y así se lo declaramos al otro, esperando que el sentimiento sea recíproco. Si no lo es, el asunto se enfría un poco, o redoblamos nuestros esfuerzos para impresionar, y con el tiempo ganamos el amor de la persona que amamos. Cuando es recíproco hablamos enseguida de matrimonio, por-que todos están de acuerdo en que «estar enamorado» es la base fundamental para un buen matrimonio.


En su apogeo, la experiencia de «estar enamorados» es eufórica. Estamos emocionalmente obsesionados el uno con el otro. Nos acostamos pensando en el otro. Cuando nos levantamos, esa persona es el primer pensamiento en nuestras mentes. Anhelamos estar juntos; pasar el tiempo juntos es como jugar en la antesala del cielo. Cuando nos tomamos de las manos, parece que nuestra sangre fluye unida. Podríamos besarnos eternamente si no tuviéramos que ir a la escuela o al trabajo. El abrazarnos nos hace soñar en el matrimonio y en el éxtasis.
La persona que está enamorada tiene la ilusión de que su amado o amada es perfecto. Su madre puede ver las imperfecciones que tiene, pero él no. Su madre le dice: «¿Querido, has pensado que ella ha estado bajo cuidado siquiátrico por cinco años?» Pero él replica: «Pero madre, déjame hablar. Eso fue hace tres meses ya». Sus amigos también pueden ver sus defectos, pero probablemente no le digan nada, a menos que él les pregunte, lo cual él no lo hará porque en su mente ella es perfecta y lo que otros piensen no le importa.
Nuestros sueños antes del matrimonio son de dicha conyugal: «Vamos a ser sumamente felices. Otras parejas pueden discutir y reñir, pero nosotros no. Nosotros nos amamos». Por supuesto, no somos tan ingenuos. Sabemos que con el tiempo habrá diferencias. Pero estamos seguros de que trataremos esas diferencias honestamente, uno de nosotros siempre tendrá que hacer concesiones y llegaremos a un acuerdo. Es difícil creer en otra cosa cuando se está enamorado. Hemos llegado a creer que si en verdad estamos enamorados, eso será para siempre, de que siempre tendremos esos maravillosos sentimientos que tenemos ahora. Nada puede interponerse jamás entre nosotros. Nada destruirá nuestro amor del uno para el otro. Estamos enamorados, y estamos cautivados por la belleza y el encanto de la personalidad del otro. Nuestro amor es lo
más maravilloso que hemos experimentado. Vemos que otras parejas han perdido ese sentimiento, pero eso jamás nos sucederá a nosotros. Tal vez ellos no tienen lo «verdadero», razonamos.
 Desgraciadamente, pensar que la experiencia del enamoramiento es eterna no es más que ficción, no es la realidad. La doctora Dorothy Tennov, una sicóloga, ha hecho varios estudios sobre el fenómeno del enamoramiento. Después de estudiar montones de parejas, concluye que el promedio de duración de la obsesión romántica es de dos años. Si es una aventura amorosa secreta puede durar un poquito más. Sin embargo, con el tiempo todos bajaremos de las nubes y pondremos nuestros pies en la tierra otra vez. Tenemos los ojos abiertos y vemos las imperfecciones de la otra persona. Reconocemos que algunos de los rasgos de su personalidad son en verdad irritantes. Sus patrones de conducta son fastidiosos. Él ahora puede resentirse y enojarse, tal vez hasta tener palabras duras y críticas. Esos pequeños rasgos que pasamos por alto cuando estábamos enamorados, ahora son montañas gigantescas. Nos acordamos de las palabras de la madre y nos preguntamos: ¿Cómo pude haber sido tan tonto?
Bienvenidos al mundo real del matrimonio, donde siempre hay cabellos en el lavabo y pequeñas manchas blancas sobre el espejo; donde se discute por la forma en que se gasta el papel higiénico y por si la tapa del inodoro debe estar abierta o cerrada. Es un mundo en donde los zapatos no caminan solos hasta el ropero y los cajones de la cómoda no se cierran por sí mismos, donde a las chaquetas no les gusta colgarse ni las medias se meten en la lavadora cuando está funcionando. En este mundo, una mirada puede herir y una palabra puede destrozar. Los amantes íntimos se convierten en enemigos, y el matrimonio es un campo de batalla.

Continuara....